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Feng Shui

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La energía

El Chi o Qi se traduce del chino como soplo o aliento vital, aunque en términos más modernos los llamamos energía. La energía es la parte no visible de la forma y la materia; digamos que “no existe” en el quehacer cotidiano debido a las discriminaciones preceptúales que han impuesto la cultura, la sociedad y un estrecho sentido de identidad.
Médicos y exploradores taoístas de la conciencia, forzados por la necesidad de darle un valor pragmático a la noción de energía, distinguieron diversas pautas energéticas tales como fluctuaciones, velocidades, funciones, intensidades, estructuras, movimientos, direccionalidades, transformaciones, interrelaciones, intercambios incesantes y diversos estados de conciencia. Esta “visión energética” del universo tiene gran parecido con los nuevos paradigmas de la ciencia moderna, en particular de la física subatómica.
Cuerpo de energía Para los taoístas, la naturaleza primordial del organismo es una particular concentración de filamentos energéticos que se mantienen agrupados por la fuerza de la vida. Entre las agrupaciones energéticas principales se encuentran:
1.La energía ancestral, que surge de la fusión de infinitos haces de energía pertenecientes al cosmos, la Tierra y la especie. Esa energía original –que se recibe en el momento de la concepción- se desplegará a lo largo de la vida, y luego mermará hasta la muerte para integrarse en el universo; está dotada de tres facetas: . Una energía antigua cedida por el cosmos, que incluye la totalidad de experiencia consciente que poseía el universo hasta ese momento (conciencia global o transpersonal. Una energía genética que reúne la información que nos da la pertenencia al Phylum o especie).. Una energía que impulsa hacia la diferenciación de cada ser (ontogénesis o proceso de individualización). La energía ancestral será la raíz de todas las potencialidades del nuevo ser, y se estructurará en la profundidad del cuerpo energético en una agrupación de filamentos energéticos llamados Vasos Curiosos, que formarán los sistemas nerviosos y óseo, las glándulas endocrinas y sexuales. Esta energía no podrá incrementarse más allá de lo reunido en el momento de la concepción y si se desgasta, menoscabará la resistencia y el sujeto envejecerá prematuramente.
2.La energía adquirida, que deviene del intercambio del ser humano con la vitalidad cósmica.
Se obtiene de la alimentación y la respiración, pero también surge de los intercambios con las energías estelar, solar, lunar, terrestre y de las relaciones interpersonales.
3.La energía protectora, que contiene la presión de las influencias exteriores, da al organismo la posibilidad de adaptarse sin brusquedades o menoscabo de la salud, por ejemplo, ante los cambios climáticos o los intercambios emocionales intensos.
4.La energía Shen, el espíritu o conciencia de ser, que se estructura en torno al corazón, se debilita con emociones desgastantes como la ira, la envidia, los celos y los apegos, así como el abuso de tóxicos como el alcohol y el tabaco. Sin embargo, se incrementa con la quietud mental, el gozo de la naturaleza y las artes, el ejercicio y la ampliación de las limitaciones perceptivas. El Yin y el Yang.

El Yin y el Yang son las cualidades de un modelo explicativo dinámico que utiliza el taoísmo para reflejar la apreciación dual del Universo, la contradicción, el antagonismo, los procesos de influencia, intercambio o intertransformación de dos funciones generales de energía:
Una Yang, transformativa y expansiva . Y otra Yin, estructural e integradora. Los ideogramas chinos que reflejan este dualismo se refieren a dos laderas de una misma montaña: . Una Yang, soleada, seca y caliente, la cara orientada al sur que recibe los rayos solares, donde la vida se manifiesta con gran dinamismo.. Otra Yin, sombría, húmeda, densa, oscura y orientada hacia el norte.
Sin embargo, ambas laderas son la montaña, dos facetas complementarias de una misma realidad.
Este modelo dualista se enfoca como el zoom de una cámara fotográfica; según el enfoque esclarecemos la dualidad energética en un nivel u otro: el Yang en las zonas circundantes a lo enfocado, el Yin en su centro y profundidad. Por ejemplo, si intentamos percibir a una persona, su piel será su naturaleza Yang, mientras que sus huesos serán su naturaleza Yin; si ahora particularizamos el enfoque en sus huesos, la médula será Yin, pero el cuerpo óseo será Yang. No hay una división excluyente entre estas dos categorías energéticas y todo depende de la delimitación del enfoque.
Si bien las funciones energéticas Yin y Yang se oponen, también se complementan: el invierno, que es de naturaleza Yin extrema, se retira al desplegar toda su potencia para favorecer la llegada de su contraparte, el calor Yang, primero tímidamente con la primavera y en su máxima expresión con el verano. Por tanto, Yin y Yang son fuerzas dinámicas que se intercambian: los opuestos se exploran, danzan o luchan generando ciclos de transformación.
El Yin y el Yang señalan la ciclicidad de la naturaleza: desde la vibración y oscilación intraatómica hasta grandes ciclos como los lunares, estacionales, astronómicos u otros, que difieren por sus diversas velocidades, direcciones y desplazamientos.

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